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Ninquelot- 03-05-2007
Las siete maravillas de la Tierra Media
FANGORN ENTERTAINMENT PRODUCTIONS PRESENTA LAS SIETE MARAVILLAS DE LA TIERRA MEDIA TOUR-RESORT Bienvenidos, seres de arda. A continuación iniciaremos nuestro tour a través de las siete maravillas de la Tierra Media. Es un placer para Gwaihir Airlines y Tierra Media Tours llevarlos a través de esta maravillosa aventura. Les rogamos abstenerse de fumar, incluso hierba para pipa, y mantenerse en sus puestos. Nuestras elfafatas atenderán cualquier inquietud y servirán los más deliciosos manjares élficos. Les rogamos a los orcos japoneses no tomar fotografías. Listos todos, ¡Abrochénse los cinturones de seguridad, por favor! Como pueden observar en sus mapas, iniciaremos nuestro recorrido por los Puertos Grises. Son considerados una de las maravillas de la Tierra Media, pues constituyen el inicio de un camino en línea recta hacia Válinor; eran el último punto de embarque de los elfos en este lado del océano y forman parte de la única porción de tierra que sobrevivió al hundimiento de Beleriand. Los Puertos Grises era el nombre que se daba a la ciudad y bahía dominio de los falathrim del señor Círdan. En lengua élfica, su nombre era Mithlond. Los Puertos Grises fueron construidos y habitados a comienzos de la Segunda Edad del Sol en la parte superior del golfo de Lune y sobre la desembocadura del río Lune. Durante dos edades fue el principal puerto de los elfos en la Tierra Media, y desde este puerto zarparon todos los grandes y buenos personajes de esta raza que, habiendo sobrevivido a los conflictos de esta tierra, viajaban en los mágicos barcos blancos de Círdan hacia las Tierras Imperecederas. En la Cuarta Edad, muchos de los héroes de la Guerra del Anillo también realizaron este viaje hacia el oeste, hasta que al fin el mismo Círdan, con los últimos eldar de la Tierra Media, zarpó de los Puertos Grises en el último barco élfico para dirigirse a las tierras de los inmortales, más allá de las Esferas del Mundo. Los Puertos Grises coexistían con el País de Lindor, el País de los Siete Ríos, un país élfico mal conocido, cuya importancia estratégica ha sido minusvalorada y cuyas características han sido pasadas por alto. La gran mayoría de los estudiosos de las obras de Tolkien no ven en Lindon sino lo que parecían expresar las palabras de Gildor: el lugar donde algunos de los elfos "no hacemos otra cosa que demorarnos un poco antes de cruzar las Grandes Aguas"; un puerto, y una residencia transitoria de quienes aún no se decidían a partir. Una mirada atenta a los textos, sin embargo, nos descubre una riqueza insólita en ese país, su historia y la función que cumplió en el desarrollo de los grandes hechos del Este del Mar. Detengámonos a observar la gente que habitaba este lugar: el pueblo de Cirdan (por favor, no se demoren con las artesanías: nuestro viaje se reiniciará dentro de media hora). Cuando los Eldar se pusieron en camino desde las inmediaciones de Cuiviénen, es sabido que el Tercer Clan fue el más remiso a proseguir el camino hacia el Oeste. La mayor parte de la hueste de Olwe habitaba las bocas del Sirion, cuando Ulmo volvió para embarcarlos en Tol Eressea; y a algunos, Osse "los persuadió de que se quedaran; y fueron ellos los Falathrim, los Elfos de las Falas, quienes en días posteriores moraron en los puertos de Brithombar y Eglarest, los primeros marineros de la Tierra Media, y los primeros constructores de navíos. Círdan, el Carpintero de Barcos, fue señor de todos ellos". El papel de Círdan fue muchísimo mayor que el de un mero "Carpintero de Barcos". Nunca dependió de Thingol, consolidándose en la Primera Edad como el señor de un vasto territorio independiente, aunque por supuesto aliado del Rey Mantogrís; gobernó en Balar en la única fortaleza élfica que resistió hasta la derrota de Morgoth, dando cobijo en ella al Rey Supremo de los Altos Elfos; cuando el poderío militar de los Noldor se lo permitió, se retiró a los Puertos, pero al morir Gil-galad tomó nuevamente la autoridad militar de ese territorio y dirigió con él la conquista y destrucción de Angmar; y todo esto sin que nunca se diera a sí mismo el título de rey, ni disputara la autoridad nominal a grandes señores como Thingol, Fingon y Gil-galad. Círdan así demostró ser tanto un soberano dotado para la guerra, como un hábil y diplomático señor cuando le interesó. Pese a que los textos que nos han llegado siempre lo han mantenido en un segundo plano, creemos que debe reconocerse en él a una figura de la misma altura y poder que otros grandes y encumbrados Señores de los Elfos. Cirdan era, además, considerado uno de los elfos más sabios, y Celebrimbor le entregó Narya, el «anillo de fuego» élfico. Alrededor del año 1000, entregó su Anillo a Gandalf el Mago. Al final de la Tercera Edad, los Guardianes de los Anillos abandonaron los puertos de Círdan, pero el Señor de los Puertos Grises permaneció todavía mucho tiempo, hasta bien entrada la Cuarta Edad, y hasta la partida de los últimos elfos. A continuación, les entregaremos como souvenir trozos de la túnica gris de Cirdan o agua de los puertos embotellada. Cuando todos estén listos continuaremos con nuestra siguiente parada: la más hermosa ciudad construida sobre la Tierra Media: Gondolin (les rogamos a los balrogs abstenerse de quemarla nuevamente).

Tuor- 03-10-2007

justamente mientras venía de Nurtamnalondë venía pensando en publicar este trabajo, que bien Nimph, es uno de los que má sme ha gustado. Adunakhor será que podría colaborar con imágenes en este post. colabore.

Adunakhor- 03-10-2007

imagenes de que o que

Tuor- 03-10-2007

pues para ambientar el post de las 7 maravillas de la Tierra Media, en el caso de arriba de los puertos grises.

Adunakhor- 03-10-2007

Ah listo se le tiene

Ninquelot- 03-15-2007

Gondolín: el reino escondido. Cuando los elfos noldor de Eldamar regresaron a la Tierra Media y penetraron en Beleriand, en el año 52 de la Primera Edad del Sol, el príncipe Turgon encontró un baluarte y un valle escondidos ideales para edificar una ciudad a salvo de las fuerzas malignas de Morgoth. Esta ciudad fue Gondolin, en el valle de Tuiriladen, dentro de Echoriath, las Montañas Circundantes, al norte de los bosques de Doriath, el reino de los elfos grises. A continuación se les entregarán los mapas de la ubicación exacta de la ciudad en Beleriand. En el Silmarilión: “Se dijo que con la guía de Ulmo, Turgon de Nevrast descubrió el valle escondido de Tumladen, que se extendía del este de las aguas superiores del Sirion (como se supo luego), en un anillo de montañas altas y escarpadas, y ninguna criatura llegaba allí salvo las águilas de Thorondor. Pero había un camino profundo de montañas bajo las montañas, excavado en la oscuridad del mundo por las aguas que iban a unirse a las corrientes del Sirion; este camino encontró Turgon, y así llegó a la llanura verde en medio de las montañas, y vio la colina isla que se levantaba allí de piedra lisa y dura; pues el valle había sido un gran lago en días antiguos. Entonces Turgon supo, que había encontrado el lugar que deseaba, y decidió edificar allí una hermosa ciudad en memoria de Tirion sobre Túnar; pero regresó a Nevrast y permaneció allí en paz, aunque siempre meditaba en cómo podría llevar a cabo lo que se había propuesto.” (...) “Pero Turgon continuó residiendo en Nevrast, hasta que por fin la ciudad estuvo por completo edificada, al cabo de ciento cincuenta y dos años de trabajos ocultos. Se dice que Turgon había decidido llamarla Ondolindë en lengua de los elfos de Valinor, la roca de la música de las aguas, pues había fuentes en la colina; pero en la lengua Sindarin el nombre cambió, y se convirtió en Gondolin, La roca escondida.” Turgon se preparó para dejar su residencia en Vinyamar por el mar entonces, y allí Ulmo se presentó una vez más ante él, y le dijo que su marcha a Gondolin iba a ser protegida por su poder, y le advirtió que las paredes de la ciudad caerían una vez, y que los Vala poderosos enviarían a mensajero con una armadura y una espada para que el rey pudiera reconocerlo. Por fin Turgón partió, y en secreto erigió la ciudad por fin, más alta que cualquier otra en la Tierra Media y que duraría mucho más tiempo que todos los reinos de los Eldar en Beleriand. Una ciudad orgullosa y reflejo de Tirion en Túna: Gondolin. Dice en el Silmarilión: “Detrás del círculo de las montañas el pueblo de Turgon creció y medró, y trabajó sin descanso, de modo que Gondolin de Amon Gwareth llegó a ser realmente hermosa y digna de compararse aun con Elve Tirion, más allá del mar. Elevados y blancos eran los muros, y pulidas las escaleras, y alta y poderosa la Torre del Rey. Allí refulgían las fuentes y en los patios de Turgon se alzaban las imágenes de los árboles de antaño, que el mismo Turgon talló con élfica artesanía; y el Árbol que hizo de oro se llamó Glingal, y el Árbol cuyas flores hizo de plata se llamó Belthil.” La única manera de entrar e Gondolín consistía en un estrecho y peligroso túnel que terminaba en siete puertas: La Primera Puerta, la Puerta de Madera, era un arco ancho tallado en la piedra, entre cuyos pilares colgaba una gran red de barras de madera cruzadas, talladas y claveteadas con acero. La Segunda Puerta consistía en un solo bloque grande de piedra oscura y pulida que giraba sobre un pivote invisible. La Tercera Puerta, la Puerta de Bronce, era una gran puerta de dos hojas con grandes escudos y discos de bronce, en el cual se hallaban grabadas muchas figuras y señales extrañas. Sobre su dintel había tres torres cubiertas de cobre que brillaba siempre y resplandecía como el fuego. La Cuarta Puerta, la Puerta de Hierro Retorcido, consistía en un muro alto y negro con, cuatro torres de hierro sobre él y entre las dos columnas interiores aparecía la efigie del Rey Thorondor, el rey de todas las Águilas. Las tracerías de la puerta estaban forjadas y batidas en forma de árboles, con raíces retorcidas y ramas entretejidas cargadas de hojas y de flores. La hoja de la Quinta Puerta se construyó de mármol blanco, y era baja y maciza, y su parapeto era un enrejado de plata entre cinco grandes globos de mármol. La Puerta estaba forjada de plata y perlas de Nevrast a semejanza de la luna; pero sobre la Puerta se levantaba una imagen del Árbol Blanco de Telperion, de plata y malaquita, con flores hechas de las grandes perlas de Balar. La Sexta Puerta era la Puerta Dorada, muy semejante a la Puerta de Plata, salvo que el muro se construyó con mármol amarillo, y el arco y el parapeto eran de oro rojo; y había seis arcos, y en el medio, sobre una pirámide dorada aparecía una imagen de Laurelin, el Árbol del sol, con las flores de topacio labradas en largos racimos y engarzadas en cadenas de oro. Y la Puerta misma se adornaba con discos de oro de múltiples rayos a semejanza del sol, en medio de figuras de granate y topacio y diamantes amarillos. La Séptima Puerta, la Grande, era la Puerta de Acero que Maeglin labró. No había allí ningún muro, pero a cada lado se levantaban dos torres de gran altura con múltiples ventanas escalonadas en siete plantas que culminaban en una torrecilla de acero brillante, y entre las columnas resistía un cerco poderoso de acero que no se oxidaba, y relucía frío y pulido. Había siete grandes columnas de acero, con la altura y grosor de árboles jóvenes, pero terminando en una punta cruel y afilada como una aguja; entre las columnas siete travesaños de acero, y en cada espacio siete veces siete varas de acero verticales. Pero en el centro, sobre el pilar del medio y el más grande, se levantaba una imagen poderosa del yelmo real de Turgon, la Corona del Reino Oculto, toda engarzada de diamantes. Dentro de la barrera natural de las Montañas Circundantes, Gondolin también estaba protegida por las Grandes Águilas, que mataban o ahuyentaban a todos los espías y siervos de Morgoth. Así defendidos, durante más de cincuenta años los noldor construyeron la ciudad de piedras blancas de Gondolin, que significa «roca escondida», sobre la colina de Amon Gwareth. El nombre de Gondolin en Alto elfo era Ondolindé, que significa «canción de piedra». Edificada según el modelo de Tirion, la principal ciudad de Eldamar, era la ciudad más hermosa de los noldor en la Tierra Media. Gondolin prosperó durante cinco siglos mientras que los demás reinos élficos de Beleriand eran destruidos uno por uno. Por fin, sin embargo, una semilla de descontento aparecio en la bella ciudad. Aredhel, hermana del Rey Turgon, determinó dejar la ciudad, contra los deseos de Turgon. Poco después su salida, los guardias volvieron, e informaron que ellos la habían perdido en la oscuridad y la región al sureste de la ciudad, conocida como Nan Dungortheb. Más que veinte años pasaron entonces, y de repente Aredhel volvió. Con ella su hijo Maeglin, hijo también de Eol, el Elfo Oscuro de Nan Elmoth. Maeglin aceptó a Turgon como su señor, pero su padre Eol había seguido a su esposa e hijo a Gondolin y había capturado al guardia. Él se presentó ante Turgon y se negó a someterse a su autoridad, y en cambio escogió la muerte para él y su hijo. Eol tiró un dardo envenenado para matar a Maeglin, pero en cambio golpeó Aredhel, que cayó enferma con el veneno y murió. El cuerpo de Eol, para entonces, yacía despedazado en el Caragdur. Maeglin, sin embargo, no había formado parte de los planes de su padre y Turgon lo aceptó para ser grande en Gondolin, como un hombre sabio en el concilio y valiente en la batalla. Pasaron más de cien años después de las muertes de Aredhel y Eol, y Gondolin se encontraba en paz. Venían los tiempos, sin embargo, en que Morgoth rompería el Sitio de Angband. Un invierno oscuro, los fuegos de Angband destruyeron el ejército de los Noldor: el Dagor Bragollach. Durante este desastre, las gentes de Gongolin no se involucraron. Ellos fueron arrastrados hacia los eventos de esos años, sin embargo, cuando dos hermanos jóvenes de la raza de los Hombres, Hurin y Huor, se perdieron en medio de los pies de Crissaegrim. Thorondor los trajo a Turgon. Por orden de Ulmo, Turgon los aceptó, y ellos permanecían en Gondolin durante casi un año. En este acto amable se sembraron las primeras semillas de la destrucción de Gondolin. Turgon inventó una nueva política ahora para la salvación de los Elfos: empezó a enviar a su gente al oeste por el gran mar, a buscar en secreto la tierra de los Valar y pedir su perdón y ayuda. Ninguno de sus marineros tuvo éxito, pero éste era un recurso sabio, aunque Turgon nunca vió sus resultados: sería su nieto Earendil, ayudado por un Silmaril, quien finalmente tuviera éxito en esa empresa. Después de la destrucción del Dagor Bragollach, los Elfos de Beleriand empezaron a reagruparse, y Turgon comenzó sus propios planes en secreto. Catorce años después de la ruptura del Sitio de Angband, y unos trescientos cincuenta desde la cosntrucción de Gongolin, Turgon se preparó por primera vez para luchar. Montó un ejército de diez mil soldados que ayudarían a sus parientes Noldor. Ésta sería la gran batalla conocida como la Nirnaeth Arnoediad. Dice el Silmarilión: “Y por último, mediante el poder que Ulmo había puesto en ellos, llegaron a las puertas escondidas de Gondolin, y pasando por el túnel subterráneo, alcanzaron el portón interior, y la guardia los hizo prisioneros. Fueron conducidos entonces por el poderoso desfiladero de Orfalch Echor, cerrado por siete puertas, y llevados ante Ecthelion de la Fuente, el guardián de la gran puerta al final del camino empinado, y allí Tuor dejó caer la capa, y por las armas que llevaba de Vinyamar reconocieron que era en verdad el enviado de Ulmo. Entonces Tuor contempló el hermoso valle de Tumladen, engarzado como una joya verde entre las colinas de alrededor; y a lo lejos, sobre la altura rocosa de Amon Gwareth, vio a Gondolin la grande, ciudad de siete nombres, cuya fama y gloria es alta en el canto de todos los Elfos de las Tierras de Aquende. Por orden de Ecthelion las trompetas sonaron en las torres de la gran puerta, y las colinas devolvieron el eco; y lejano, pero claro, llegó el sonido de otras trompetas, que respondían desde los muros blancos de la ciudad, arrebolados con el alba que se extendía por la llanura. “Así fue como el hijo de Huor cabalgó a través de Tumladen y llegó a la puerta de Gondolin; y después de ascender las amplias escalinatas de la ciudad, fue por fin conducido a la Torre del Rey, y contempló las imágenes de los Árboles de Valinor. Entonces Tuor se encontró de pie ante Turgon hijo de Fingolfin, Rey Supremo de los Noldor, y a la derecha del rey estaba de pie Maeglin, hijo de su hermana, y a la izquierda tenía sentada a su hija Idril Celebrindal; y todos los que escucharon la voz de Tuor se maravillaron, preguntándose si sería en verdad un Hombre de raza mortal, porque hablaba con las palabras del Señor de las Aguas que le venían en ese instante. Y le advirtió a Turgon que la Maldición de Mandos se precipitaba ahora e iba a cumplirse, y que todas las obras de los Noldor perecerían; y le dijo que partiera y abandonara la poderosa ciudad que había construido y bajara por el Sirion al mar. “Entonces Turgon meditó largo tiempo el consejo de Ulmo, y le vinieron a la mente las palabras que oyera en Vinyamar: "No ames demasiado la obra de tus manos y las invenciones de tu corazón; y recuerda que la verdadera esperanza de los Noldor está en el Occidente y viene del Mar." Pero Turgon se había vuelto orgulloso, y Gondolin era tan bella como un recuerdo de Elven Tirion, y él confiaba todavía en el secreto y en la fuerza inexpugnable de estas tierras, aun cuando un Vala lo negara; y después de la Nirnaeth Arnoediad, el pueblo de esa ciudad no deseaba volver a mezclarse en los males de los Elfos y los Hombres de fuera, ni regresar a Occidente por el camino del miedo y del peligro. Encerrados tras sus colinas encantadas y sus sendas, no toleraban que nadie entrase, aunque estuviera huyendo del odio de Morgoth; y las nuevas de las tierras de más allá les llegaban débiles y lejanas, y muy poco caso hacían de ellas. Los espías de Morgoth los buscaban en vano; y Gondolin era como un rumor y un secreto que nadie podía descubrir. Maeglin hablaba siempre en contra de Tuor en los consejos del rey, con palabras que parecían convincentes, en tanto respondían a los deseos de Turgon, y por fin el rey se negó al mandato de Ulmo y rechazó la advertencia. Sin embargo, en ese consejo del Vala escuchó otra vez las palabras que fueran pronunciadas en la costa de Araman mucho tiempo atrás, antes que los Noldor partieran; y el miedo a la traición despertó en el corazón de Turgon. Cerraron por tanto las puertas escondidas de las Montañas Circundantes; y desde entonces nadie salió nunca de Gondolin en misión de paz o de guerra mientras la ciudad estuvo allí. Thorondor, el Señor de las Águilas, les anunció la caída de Nargothrond y luego trajo la noticia de la muerte de Thingol y la de Dior, el heredero, y de la ruina de Doriath; pero Turgon cerró los oídos a los males de fuera, e hizo voto de no marchar unca al lado de ningún hijo de Fëanor; y prohibió a su pueblo que atravesara el cerco de las colinas. “Y Tuor permaneció en Gondolin, subyugado por la beatitud y la belleza de esas tierras y ía sabiduría de la gente; y se hizo poderoso de mente y estatura, y aprendió a fondo la ciencia de los Elfos exiliados. Entonces el corazón de Idril se volvió hacia él, y el de Tuor hacia el de ella; y el odio secreto de Maeglin fue cada vez mayor, porque deseaba poseer a Idril por sobre todas las cosas, heredera única del Rey de Gondolin. Pero tan alto estaba Tuor en la estima del rey después de haber vivido allí siete años, que Turgon no le rehusó ni siquiera la mano de su hija, porque aunque no quería hacer caso del mandato de Ulmo, entendía que el destino de los Noldor estaba atado a aquel a quien Ulmo había enviado; y no olvidó las palabras que Huor le había dicho antes de que el ejército de Gondolin abandonara la Batalla de las Lágrimas Innumerables. “Entonces se celebró una gran fiesta, porque Tuor se había ganado todos los corazones, excepto los de Maeglin y sus secuaces secretos; y así ocurrió la segunda unión entre Elfos y Hombres. “En la primavera del año siguiente nació en Gondolin Eärendil Medio Elfo, el hijo de Tuor e Idril Celebrindal; y habían transcurrido quinientos tres años desde la llegada de los Noldor a la Tierra Media. De sobre—cogedora belleza era Eärendil, pues llevaba en la cara una luz que parecía la luz del cielo, y tenía la belleza y la sabiduría de los Eldar, y la fuerza y la audacia de los Hombres de antaño; y el mar le hablaba siempre al oído y al corazón, como a su padre Tuor. En ese entonces los días de Gondolin eran felices y pacíficos; y nadie sabía que la región en donde estaba el Reino Escondido había sido revelada al fin a Morgoth por los gritos de Húrin, cuando en las Tierras de más allá de las Montañas Circundantes, y no pudiendo encontrar la entrada, había llamado desesperado a Turgon. En adelante los pensamientos de Morgoth se volvieron incesantemente hacia la tierra que se extendía entre Anach y el curso superior de las aguas del Sirion, a donde no habían ido nunca sus sirvientes; aunque es cierto que ningún espía o criatura de Angband podía entrar allí, a causa de la vigilancia de las águilas, lo que impedía la consumación de los designios de Morgoth. Pero Idril Celebrindal era sabia y previsora, y tenía una inquietud en el corazón, y la sombra de un mal presagio descendió sobre ella como una nube. Por este motivo hizo preparar un camino subterráneo y secreto, que iría desde la ciudad y bajo el llano hasta más allá de los muros, al norte de Amon Gwareth; y dispuso que sólo muy pocos supieran de él, y que ni siquiera un rumor sobre estas obras llegara a oídos de Maeglin. “Ahora bien, una vez, y cuando Eärendil era todavía joven, Maeglin se perdió. Porque como ya se dijo amaba la minería y la extracción de metales por sobre toda otra tarea; y era amo y conductor de los Elfos que trabajaban en las montañas distantes, buscando metales con que forjarían luego instrumentos de guerra y de paz. Pero Maeglin a menudo iba con algunos de los suyos más allá del cerco de las colinas, y el rey no sabía de esta desobediencia; y así ocurrió, como lo quiso el destino, que Maeglin cayera en manos de los Orcos y fuera llevado a Angband. Maeglin no era ni débil ni cobarde, pero el tormento con que fue amenazado le amilanó el espíritu, y compró su vida y su libertad revelándole a Morgoth el sitio preciso de Gondolin y los caminos por los que se podía llegar a ella y atacarla. Grande por cierto fue la alegría de Morgoth, y a Maeglin le prometió el señorío de Gondolin en calidad de vasallo, y la posesión de Idril Celebrindal cuando la ciudad hubiera sido tomada; y en verdad el deseo de Maeglin por Idril y el odio que le tenía a Tuor lo ayudaron en esta traición, la más infame de todas en la historia de los Días Antiguos. Pero Morgoth lo envió de regreso a Gondolin, por miedo de que alguien sospechara, y para que Maeglin ayudara en el ataque desde dentro cuando fuese la hora; y Maeglin vivió en los recintos del rey con cara sonriente y maldad en el corazón mientras la oscuridad se hacía cada vez más espesa en torno de Idril. “Por último, en el año que Eärendil cumplió siete años, Morgoth estuvo preparado, y lanzó sobre Gondolin a Balrogs y Orcos y Lobos; y con ellos iban dragones de la estirpe de Glaurung, numerosos y terribles. El ejército de Morgoth vino por las montañas septentrionales donde era mayor la altura y menos atenta la vigilancia, y llegó por la noche en tiempo festivo, cuando todo el pueblo de Gondolin estaba sobre los muros esperando el amanecer, para cantar cuando el sol se elevara en el cielo; porque al día siguiente era la gran fiesta que ellos llamaban las Puertas del Verano. Pero la luz roja tino las colinas del norte y no las del este; y nada detuvo a los enemigos hasta que estuvieron bajo los muros mismos de Gondolin, y ya no hubo modo de impedir el sitio de la ciudad. De todos los hechos de valor desesperado que allí llevaron a cabo los capitanes de las casas nobles y sus guerreros, y no fue Tuor el menos valiente, mucho se cuenta en La caída de Gondolin: la lucha de Ecthelion de la Fuente con Gothmog Señor de los Balrogs, librada en la misma plaza del rey, en la que se dieron muerte el uno al otro; y la defensa de la torre de Turgon, hasta que fue derribada; y grandes fueron la caída y ruina de la torre, y la caída de Turgon. “Tuor intentó rescatar a Idril del pillaje de la ciudad, pero Maeglin se había apoderado de ella, y de Eärendil; y Tuor luchó con Maeglin sobre los muros, y lo arrojó lejos, y el cuerpo de Maeglin cayó y dio tres veces contra las rocosas pendientes de Amon Gwareth antes de hundirse en las llamas que ardían abajo. Entonces Tuor e Idril condujeron a los pocos del pueblo de Gondolin que pudieron reunir en la confusión del incendio por el camino secreto que Idril había preparado; y de ese pasaje los capitanes de Angband nada sabían, y no pensaron que ningún fugitivo tomara un camino hacia el norte y las cimas de las montañas, y el más próximo a Angband. El humo del incendio y el vapor de las hermosas fuentes de Gondolin, que se marchitaban en las llamas de los dragones del norte, descendieron sobre el valle de Tumladen en luctuosas tinieblas; y así fue favorecida la huida de Tuor y los suyos, porque aún tenían que recorrer un camino largo y descubierto desde la boca del túnel hasta el pie de las montañas. No obstante llegaron allí, y más allá de toda esperanza treparon con dolor y desconsuelo, porque esas altas cimas eran frías y espantosas, y tenían entre ellos muchos heridos, y mujeres y niños. “Había un pasaje terrible, Cirith Thoronath se llamaba, la Grieta de las Águilas, donde a la sombra de los picos más altos serpeaba un estrecho sendero; a la derecha se abría un precipicio abismal, y a la izquierda una pendiente tremenda descendía al vado. A lo largo de ese estrecho sendero marchaban en línea, cuando cayeron en una emboscada de Orcos, pues Morgoth había montado guardia en las colinas de alrededor, y un Balrog estaba con ellos. La situación fue entonces espantosa, y difícilmente podría haberlos salvado el valor de Glorfindel, el de cabellos amarillos, jefe de la Casa de la Flor Dorada de Gondolin, si Thorondor no hubiera llegado en el momento oportuno. “Muchos son los cantos que han cantado el duelo de Glorfindel con el Balrog sobre el pináculo de una roca; y ambos cayeron perdiéndose en el abismo. Pero las águilas se lanzaron sobre los Orcos, que retrocedieron chillando; y todos fueron muertos o arrojados a las profundidades, de modo que Morgoth nada supo de la huida desde Gondolin hasta mucho después. Entonces Thorondor rescató el cuerpo de Glorfindel del abismo, y lo sepultaron bajo un montículo de piedras junto al pasaje; y allí crecieron hierbas verdes, y de la esterilidad de la piedra nacieron flores amarillas, hasta que el mundo cambió. “Así, conducidos por Tuor hijo de Huor, el resto de los habitantes de Gondolin pasó por encima de las montañas, y descendió al Valle del Sirion; y huyendo hacia el sur por fatigosas y peligrosas sendas, arribó por fin a Nan-tathren, la Tierra de los Sauces, porque el poder de Ulmo estaba aún en el gran río y alrededor. Allí descansaron un tiempo y se curaron de las heridas y el cansancio; pero del dolor no pudieron curarse. Y celebraron la memoria de Gondolin y de los Elfos que habían perecido allí, las doncellas, y las esposas, y los guerreros del rey; y por el amado Glorfindel muchos fueron los cantos que se oyeron bajo los sauces de Nan—tathren en la declinación del año. Allí compuso Tuor una canción para su hijo Eärendil, en la que contaba la llegada de Ulmo, el Señor de las Aguas, a las costas de Nevrast en tiempo pasado; y la nostalgia por el mar despertó en el corazón de Tuor y también en el de su hijo. Por tanto Idril y Tuor partieron de Nan—tathren, y se dirigieron hacia el sur, río abajo, al encuentro del mar; y vivieron allí junto a las Desembocaduras del Sirion; y se unieron a las gentes de Elwing hija de Dior que habían huido allí sólo un tiempo antes. Y cuando llegó a Balar la noticia de la caída de Gondolin y la muerte de Turgon, Ereinion Gil-galad, hijo de Fingon, fue designado Rey Supremo de los Noldor en la Tierra Media. Retomemos este pasaje del El Silmarilión: “Entonces Tuor contempló el hermoso valle de Tumladen, engarzado como una joya verde entre las colinas de alrededor; y a lo lejos, sobre la altura rocosa de Amon Gwareth, vio a Gondolin la grande, cuidad de siete nombres, cuya fama y gloria es alta en el canto de los Elfos de las Tierras de Aquende." Sin duda, ustedes se preguntarán cuáles eran los "siete nombres" de Gondolin, sin embargo, en El Silmarillion no se dan los otros nombres de la bella ciudad de Turgon, y esto ha hecho que muchos lectores crean que lo de "los siete nombres de Gondolin" no es más que una figura poética utilizada por Tolkien. Pero el caso es que esos nombres sí existen, aunque están algo escondidos. En los Cuentos Perdidos, cuando Tuor interroga al jefe de los Guardias de la entrada al Paso de la Huida, la respuesta que obtiene es la siguiente: "Me llaman Gondobar y Gondothlimbar, la Ciudad de Piedra y la Ciudad de los que Habitan entre las Piedras; Gondolin, la Piedra Cantante, y Gwarestrin me llaman, la Torre de la Vigilancia, Gar Thurion o el Lugar Secreto, porque estoy oculta a los ojos de Melko; pero los que más me aman me llaman Loth, porque soy como una flor, como Lothengriol, el lirio que florece en el valle. Pero -dijo- comunmente la llamamos más que nada Gondolin." El problema parece resuelto; si se hace recuento se puede ver que en efecto son siete los nombres que se citan: -Gondobar, La Ciudad de Piedra. -Gondothlimbar, La Ciudad de los que Habitan entre las Piedras. -Gondolin, La Piedra Cantante. -Gwarestrin, La Torre de la Vigilancia. -Gar Thurion, El Lugar Secreto. -Loth, La Flor. -Lothengriol, El Lirio del Valle (o Flor del Valle). Pero una nueva dude surge entonces con Loth y Lothengriol: ¿se trata del mismo nombre?, ¿Es Loth una simple abreviatura de Lothengriol? En tal caso sólo se darían seis nombres, y no siete. Los que defienden que esto es así se basan en un texto en el que aparentemente se da otro nombre para Gondolin: "Se dice que Turgon había decidido llamarla Ondolindë en la lengua de los Elfos de Valinor, la Roca de la Música de las Aguas, pues había fuentes en las colinas; pero en la lengua Sindarin el nombre cambió, y se convirtió en Gondolin, la Roca Escondida." (El Silmarillion, "De los Noldor en Beleriand") ¿Es entonces Ondolindë uno de los siete nombres de Gondolin? La respuesta no puede ser otra que un no: Ondolindë y Gondolin son el mismo nombre, el primero es la forma Quenya y el segundo la Sindarin... un mismo nombre en dos idiomas diferentes. ¿Y qué ocurre entonces con Loth y Lothengriol? En textos anteriores (en Tuor B y en Tuor C, en el El Libro de los Cuentos Perdidos II) aparecen dos nombres más antiguos ligeramente diferentes: Lôs y Lósengriol. Esto de por sí no aclara mucho, pues Lôs también podría ser una abreviatura de Lóthengriol; pero en el Índice de este libro, en la entrada correspondiente a cada nombre, se dice: "Lôs, forma anterior del nombre Loth de Gondolin. Lósengriol, forma anterior del nombre Lothengriol de Gondolin." Aquí también hay una clara diferencia entre los dos nombres: Loth es uno, y Lothengriol es otro. Y además, ¿tendría el guardia de Gondolin algún secreto motivo para darle a Tuor sólo seis de los siete nombres? Porque o era eso, o tenía mala memoria y se había olvidado del séptimo. Ustedes, queridos pasajeros, pueden llamarla como quieran. Sobre Turgon podemos decir que nació durante la Edad de Estrellas en Eldamar. Fue el segundo hijo de Fingolfin, entre los Noldor. Después de la destrucción de los Árboles de Luz, Turgon estaba entre los Noldor que siguieron a Morgoth y los Silmarils a la Tierra Media. En Beleriand, Turgon exigió Nevrast como su reino. Sin embargo, en el año 51 de la Primera Edad del Sol, Ulmo el Vala le mostró el Valle Oculto de Tumladen. Allí él construyó una ciudad de piedra blanca y lo llamó Gondolin. Se terminó en 104, y Turgon gobernó su reino durante cinco siglos. En 473, él llevó el ejercito de Gondolín a la Batalla de las Lágrimas Innumerables. En 496 Ulmo le envió a Tuor para advertir a Turgon, pero él se negó a huir la sentencia inminente. Después de años de espionaje, en 511 Morgoth descubrió la situación de Gondolin y los ejércitos enviados finalmente para destruirlo. Turgon murió con su espada Glamdring en su mano, mientras luchaba en la defensa de su querida ciudad. Y mientras las señoras se recuperan de la emoción y les sirven un pequeño refrigerio... Oh, bien, no tan pequeño, señor Brandigamo, en fin, mientras se ponen cómodos, nos dirigiremos al lugar más saludable sobre la Tierra Media: Rivendel.

Tellosthir- 03-16-2007
Las Siete Maravillas NATURALES de la Tierra Media
1- Aglarond, las Cavernas Centelleantes 2- Erebor, la Montaña Solitaria 3- Mirkwood, el Bosque Negro 4- Mindolluin 5- Orodruin, el Monte del Destino 6- El Mar Interior de Rhûn 7- Rauros

Tellosthir- 03-16-2007
Las Siete Maravillas Naturales PERDIDAS de la Tierra Media
1 - Meneltarma 2 - El valle de Tumladen 3 - Thangorodrim 4 - Amon Rhûd 5 - Las Cavernas del Narog 6 - El Bosque de Doriath 7 - Tol Eressëa

Tellosthir- 03-16-2007
Las Siete Maravillas Construidas en la Tierra Media
1- Gondolin 2- Menegroth 3- Nargothrond 4- Amon-Hen 5- El Sagrario 6- Khazâd-Dûm 7- Minas Tirith No están en orden, en ninguno de los casos

Adunakhor- 03-16-2007

Debatible si el bosque negro y el monte del destino eran naturales, no?

Tellosthir- 03-16-2007

El monte del Destino era preexistente a la elección de Mordor como Reino de Sauron (http://en.wikipedia.org/wiki/Mordor) y el Bosque Negro era el Bosque Verde antes de la arribada del Nigromante, mucho más bello... cambió sus características pero no lo construyó. No estoy seguro de que tras la Guerra del Anillo haya retomado el nombre de Bosque Verde, por eso no lo uso.

Tellosthir- 03-16-2007

Cabe anotar que, de hecho, Mordor se llamaba así antes de que Sauron se instalara.

Adunakhor- 03-16-2007

Sobre el Bosque Verde, Celeborn y Thranduil se encontraron luego de la Guerra del Anillo y lo rebautizaron Eryn Lasgalen: el bosque de hojas verdes. http://www.glyphweb.com/arda//e/erynlasgalen.html

Tuor- 03-25-2007

listo, pero miremos las restantes de las que preparó fangorn enterteinmet. Me gustaría más las que fueron contruidas, o sacar uno de maravillas naturales

Ninquelot- 03-28-2007

Pronto... Ya vienen...

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